Tarjeta de crédito: ¿salvación o perdición?

Sin dudas que este interrogante ha invadido innumerables veces la mayoría de los hogares argentinos y de hecho es normal que se pueda presentar nuevamente en la cabeza de cualquier agente de consumo.

Este artículo está orientado solamente a aquellas personas que día a día toman decisiones económicas en base a un simple análisis con rápidas operaciones aritméticas. Es un placer presentarle a “Usted”.

Así es, somos todas las personas que día a día toman un colectivo, van en bicicleta, o van a pie al trabajo, compran un café con medialunas en el bar, o se llevan el desayuno desde su casa, van al supermercado o al mercadito a comprar lo necesario para su hogar, aprovechan en el camino a pagar la luz, el gas y las expensas en alguna ventanilla habilitada, llaman por teléfono a un delivery o simplemente deciden cocinar, para después ver una película en DVD comprada en el kiosco de la esquina o ver Netflix. Definitivamente nuestra vida diaria está invadida de situaciones que implican hacer o no hacer un acto económico. Ahora bien, queda en nosotros el desarrollar la capacidad para mejorar nuestras decisiones en un contexto de tanta incertidumbre como el nuestro.

La idea de estos párrafos es que comencemos a detectar ciertos elementos puntuales ventajosos y otros no tanto que nos permitan estar atentos a la hora de tomar una decisión de compra y/o financiamiento.

Acá los interrogantes son varios: ¿conviene tener tarjeta de crédito (TC)? ¿Representa realmente un costo o verdaderamente le puedo sacar algún beneficio? ¿Tiene algún costo si no la uso? ¿Cuál es el costo de mantenimiento? ¿Son reales los descuentos que ofrecen las TC? ¿Pago el mínimo de la tarjeta o hago el esfuerzo de cancelar el total?

Como dice Tomas Bulat en su libro, Economía Descubierta, “Si no tenés tarjeta, sacá una de inmediato. Las compras ya no se hacen cuando uno necesita sino el día que hay ofertas”.

Antes que nada hay que aclarar que los bancos y/o instituciones financieras y de crédito, no son ningunos amantes de la beneficencia ni de la caridad. En otras palabras, si ellos realmente ofrecen TC debe ser claramente porque representan un gran negocio para ellos. ¿De qué forma puedo utilizar este instrumento en nuestro favor?

Hay dos componentes importantes dentro de las tarjetas: una son las cuotas y la otra son los descuentos. Las primeras son conocidas por todos y básicamente nos permiten el prorrateo de un consumo en uno o más meses. En contextos inflacionarios como el nuestro, la mejor alternativa para “licuar” las cuotas y beneficiarse con dicho instrumento es optar por la mayor cantidad de meses siempre que sea sin interés o el mismo sea menos a la inflación esperada anual.

Mientras que la segunda, es una opción real de descuento (aunque suele no serlo) que puede incluir una serie de condiciones para su aplicación: un lugar específico, en un día específico, sobre algún producto puntual y con un tope de reintegro determinado. Ejemplo de ello, son los descuentos de casi un 70% en la segunda unidad de un mismo producto que ofrece un supermercado conocido, que si lo analizamos en detalle nos daremos cuenta que efectivamente hay mucho menos % de descuento dado que el precio suele ser “inflado” un poco para estas promociones. “Ahora bien, seamos sinceros, este tipo de promociones son solo posibles porque existe inflación, lo cual implica que tenemos muy poca o nula noción de lo que valen las cosas. Solo se pueden seguir manteniendo descuentos fenomenales de 40 o 50% porque no sabemos el precio de nada. Si no hubiera inflación, los descuentos tan grandes serian imposibles (y nosotros sabríamos cuánto vale cada cosa y podríamos proyectar a futuro).” dice Tomas Bulat.

En principio, la elección y uso de la TC depende muy exclusivamente del perfil de la persona y sus prioridades. Es decir que debemos preguntarnos que valoramos más: si prefiero tener descuento del 15% y cuotas en un supermercado puntual los miércoles, o un 10% en combustibles los jueves o un 20% en restaurantes de viernes a domingo o 18 cuotas para viajar. Estos son algunos de los tantos ejemplos que varias empresas ofrecen para captar su nicho de mercado al cual desean apuntar. Lamentablemente, aun no existe la TC perfecta (o por lo menos no me la han presentado aún) aunque no descartemos nada en este mundo tan dinámico y veloz.

Algunos costos inherentes a la TC:

Impuesto de sellos: 1,2% para los consumos en pesos y del 1,4% para los realizados en dólares (IVA incluido en ambos).

Intereses punitorios: aquí es donde se penaliza nuestra demora en el pago fuera del vencimiento. Con ese dato es suficiente información para poder planificar y ahorrarnos de pagar este costo innecesario. ¡Es solo cuestión de organizarse!

Pago del saldo total o el mínimo: Está claro que si mi resumen mensual es de 10 mil pesos y el pago mínimo es de 2 mil, alguien evidentemente está financiando esos 8 mil, y quien mejor que nuestro banco para cumplir esa tarea. Para ello claro, nos ofrecen algún plan de 3, 6 y/o 12 cuotas que nos permita, como se diría en la jerga casera-financiera “no sentir la cuota”. A lo que el banco se ofrece con gusto para dicho cometido cobrándonos una (¿pequeña?) tasa de interés que puede rondar entre el 31 y 49% anual efectiva en pesos y del 10 al 21% por los consumos en dólares.

 

Por otro lado es importante conocer que costo fijo tiene de mantenimiento tiene la TC, como así también su costo de renovación. Para el primer caso, es muy común, que esté bonificado si uno posee una cuenta sueldo en esa entidad (en los casos que se tiene un trabajo en relación de dependencia), donde generalmente también le ofrecen un “paquete” de beneficios que puede incluir por ej. caja de ahorro en dólares, cuenta corriente, tarjeta dorada, prestamos a tasas preferenciales, etc.

En el caso del costo de renovación, que no es más que la renovación del plástico propiamente dicho (ver en la tarjeta la fecha de vencimiento), este también puede ser bonificado por ej. si realiza una cierta cantidad de consumos en el año o si adhiere cierta cantidad de débitos automáticos a la TC.

En definitiva, y como consumidores racionales que debemos ser, estar atentos a varios de los ítems mencionados es lo que hará más eficiente el uso de nuestros ingresos y como poder ahorrar pequeñas sumas de dinero que a la larga se convertirán en grandes diferencias.

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