Hablemos de Educación

(…) La concepción de la educación como un derecho social será predominante hasta mediados de la década de los setenta, en las que las concepciones neoliberales y neoconservadoras van a cuestionar la legitimidad y eficiencia del Estado de Bienestar y de los derechos sociales que éstos propugnan y ejecutan a través de las políticas sociales. (…) Es importante tener en cuenta que el neoconservadurismo no es un bloque homogéneo pero que, a pesar de las diferencias internas, comparte ciertas concepciones y caracterizaciones comunes acerca de los modos de intervención del Estado que le dan unidad y que lo diferencian de otras posiciones. (…) Más allá de las distintas posiciones que existen dentro del neoconservadurismo, tienen en común que: siempre van a marcar que el desarrollo del sistema público de educación es perjudicial por la burocratización implícita que conlleva, van a reducir el gasto públicodestinado al sistema de educación pública y van a promover y financiar a instituciones del sector privado con recursos públicos.”(NORMA PAVIGLIANITI- EL DERECHO A LA EDUCACIÓN: UNA CONSTRUCCION POLÉMICA, 1993)

Haciendo una lectura de los “documentos” que circulan por diferentes medios,  que  tratan las  nuevas reformas previstas en educación, y en especial,  las de las escuelas técnicas de nuestro país, a aplicarse a partir del año 2019, resulta casi imposible no poner en tela de juicio los supuestos beneficios de las mismas. Estas no solo plantean una significativa reducción horaria sino  que se suprimirían materias tales como: historia, filosofía,  geografía, arte y construcción ciudadana, a partir del 4 to año de las Escuelas de Educación Técnica de nuestro territorio nacional.

¿No es acaso la historia la que nos forja la identidad, la que nos permite asumirnos como  “sujetos históricos” y como tales los responsables y portadores de las actividades que conducen a cambios en la vida de una sociedad? ¿No es acaso la filosofía la que nos “ayuda” a cuestionar una determinada  realidad, la que nos obliga a buscar respuestas más allá de las que nos brindan las ciencias exactas; la que nos ayuda a clarificar “nuestro propio mundo” creando una actitud crítica ante los prejuicios y abriendo “nuestra realidad interna” hacia los demás? ¿No es acaso la geografía  la que nos ordena en límites espacio-temporales, o sea la que nos confiere una identidad territorial, entre otros? ¿No es acaso el arte  una de las manifestaciones más elevadas de la actividad humana;  elemento esencial en el desarrollo y evolución del hombre mediante el  cual se expresa libremente una visión personal   que interpreta lo real o imaginado con recursos sonoros, plásticos o lingüísticos?¿No es acaso  construcción ciudadana, la materia que permite que la escuela pueda cumplir un importante papel en la socialización de los jóvenes de hoy, en la perspectiva de lograr una óptima calidad como sujetos ciudadanos en el marco de los cambios sociopolíticos y culturales de las nuevos paradigmas, y de las demandas que estos tienen para la formación de las nuevas generaciones?

Pido disculpas, si así fuese necesario,  por no encontrar una razón válida y coherente para creer que en estas reformas, no existe ni ingenuidad ni beneficio alguno.

En una sociedad desigual, en la que solo unos pocos son los dueños de todo, en la que claramente existe unaclase dominante y una dominada;  la historia, la filosofía, la geografía, el arte y  construcción ciudadana resultan evidentemente  peligrosas. Éstas desarrollan el espíritu crítico de los sujetos, suscitan a la reflexión, gestan ideas, y por qué no revoluciones.

Sin historia y geografía estaremos, sin dudas,  condenados a la legitimación  de las desigualdades sociales y a la abulia del sentimiento patrio. Sin arte estaremos condenados a una inminente poda creativa. Sin construcción ciudadana estaremos condenados a la invisibilidad cívica. Sin filosofía estaremos condenados a sólo aceptar las sombras en la caverna. Sin ninguna de ellas, estaremos condenados a erradicar los ideales de libertad, igualdad y fraternidad. En fin, con la sensación de  avasallamiento  que deja cualquier reforma de ésta índole, y unilateralmente tratada, me pregunto, quizás exageradamente: ¿Qué diferencia existirá entonces entre un mandril, al que se le enseñó a pelar una banana para comer y el resultado de esta inefable propuesta?

 

 

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