Mi abuelo ¿fue masón?

Tras la fundación de la Gran Logia Argentina en 1857, se inició la expansión de la masonería en el territorio nacional. ”Llama la atención el ritmo común entre la organización de la Nación y la nacionalización de la masonería. Más aún, el desarrollo masónico pareció acoplarse al desarrollo político1.” Desde allí en adelante ya nada importante se cumplió en el orden público sin que llevara el sello masónico, esto se evidenció en la inclinación laicista y anticlerical que tomó el país. La secularización de los cementerios en 1863, la escuela laica en 1884, el matrimonio civil en 1888 y las diversas tentativas divorcistas desde 1901 en adelante son ejemplos de ello, y forman parte de lo que los detractores de la masonería denominaron “un plan siniestro que tuvo por miras la ruina de la nación”2.

La masonería en los territorios interiores

Al amparo de un marco favorable, las logias surgieron y se multiplicaron, 1856 y 19303, se fundaron en la Argentina 347 talleres. A la vez que el Estado alcanzó dimensiones nacionales y se consolidó al amparo del ideario liberal, se vio sometido a demandas que no podía responder y “las congregaciones religiosas o laicas y las logias masónicas ocuparon un lugar que el Estado dejaba vacante por falta de recursos”4. Estas últimas representaban un espacio de sociabilidad que proporcionaba, contención y ayuda mutua. Se organizaron y gestionaron los medios para brindar soluciones concretas a las problemáticas de sus localidades. Desde ellas los masones se desplegaron en sus comunidades fundando o participando en las comisiones de: bibliotecas, hospitales5, periódicos, sociedades filantrópicas, escuelas, bomberos6, entre otros servicios. Los masones se integraron activamente en sus comunidades, exponiendo públicamente y sin temor de ningún tipo, “la encuesta realizada para el Álbum Biográfico de los Libres Pensadores de la República Argentina en el primer centenario de la independencia, exhibe un importante listado de las logias extendidas por todas las regiones del país con el nombre de sus autoridades y, en algunos casos, con fotografías de sus integrantes con algunos niños y mujeres.”7

El golpe de Estado de 1930

Durante el gobierno de Hipólito Yrigoyen, miembro de la masonería, “suscribió un decreto el 3 de septiembre de 1929 dejando sin efecto la personería jurídica de la Gran Logia, puesto en antecedentes y verificado que había sido sorprendido en su buena fe por subordinados, el 26 de noviembre del mismo año restituyó la personería expresando su pesar por lo acontecido”8, el hecho al parecer aislado resulta premonitorio e ilustrativo de los recelos que despertaba la masonería en ciertos sectores. “El 6 de septiembre de 1930, el avance sobre la Casa de Gobierno de los oficiales y cadetes del Colegio Militar, comandados por el general José Félix Uriburu fue suficiente para provocar el derrumbe del gobierno”9. Se inició un período que se sostuvo durante gran parte del siglo XX, caracterizado por la inestabilidad política, los golpes de Estado, las persecuciones ideológicas y el nuevo acercamiento de la Iglesia al Estado.

Viejo conflicto y nueva realidad

A partir de la década del treinta, la masonería Argentina, comenzó un duro camino, que derivó en la disminución del números de logias y cantidad de miembros. Este declinar de la orden se vincula principalmente a sus diferencias con la Iglesia Católica, que considera a los principios de la masonería incompatibles con su doctrina y prohibió a sus miembros afiliarse a las mismas. Al respecto considera que los fieles que pertenezcan a las logias se hallan en estado de pecado grave. Desde 1738, la Iglesia produjo centenares de condenas, investigaciones y publicaciones en torno a la masonería. Además la excomunión10 de 1738 fue ratificada por otros siete pontífices en dieciséis distintos pronunciamientos. “Con el tiempo, una neblina de representaciones conspirativas se cristalizó. En el siglo XX por ejemplo, la teoría del contubernio judeo- masónico- comunista sustentó la represión fascista contra las masonerías de Alemania, a Portugal pasando por Francia, Italia y España.”11
En Italia, “Mussolini, hizo saber al Pontífice, Pio XI, que el fascismo no pretendía hacer una política contraria a la Iglesia Católica. Entre mayo y noviembre de 1925 (año del Jubileo) el parlamento aprobó la ley que prohibía a los funcionarios pertenecer a asociaciones secretas. Se les obligó, a declarar por escrito a qué asociación pertenecían.”12

El caso Argentino

En la Argentina posterior a 1930, fue creciendo el autoritarismo y se instaló en la opinión pública un discurso crítico hacia las ideologías liberales. “Una de las características que definirían la especificidad del discurso clerical de la época fue su tinte antisemita, expuestos a través de la teoría del complot, en la cual los judíos aparecen asociados a distintos agentes -la masonería, el liberalismo, el mundo de las finanzas, la prensa-.”13 Amparadas en estas teorías se publicó bibliografía antimasónica, tales como: “El misterio de la Masonería, de José María, Caro (1926, 1978); La Masonería en la Argentina y el Mundo, de Aníbal Rottjer (1957, 1958, 1959, 1978) e Historia de los hermanos tres puntos, de Alberto Triana (1957, 1958, 1959, 2006)”14. Escritos por eclesiásticos católicos (Caro era cardenal de Chile al momento de su muerte en 1958) o laicos; estos libros fueron la voz de los sectores católicos conservadores y asumieron el objetivo de develar a la sociedad los misterios y secretos de la masonería, como también denunciar los verdaderos fines por los que fue creada y los medios por los que accionaba en todo el mundo, en todos los países. Las publicaciones se refieren a la masonería como una secta, y utilizan expresiones tales como los tentáculos de la masonería, la masonería es digna hija de Satanás o es el veneno mortal que circula por las venas de la sociedad humana, entre otros calificativos.
Así se generó temor y rechazo hacia la masonería. Consecuencia de ellos fue que algunos masones o sus familiares, si estos ya estaban fallecidos, “destruyeran todo antecedente que los vincularan con las logias, así se perdieron joyas, medallas, diplomas, libros, escritos, correspondencias, entre otras pruebas”.15 Por ello hoy en día, a los familiares de antiguos masones se les dificulta rastrear la filiación de sus antepasados a la orden.

Estado actual de la cuestión

A pesar de las persecuciones sufridas, la masonería jamás fue prohibida, pero sí se le exigía rendir cuentas de sus actividades. En los archivos de la logia Liverpool Argentina Nº27216, se conservan copias de oficios elevados por los responsables de la logia al comisario de policía, en el mismo se consigna el listado de los hermanos que integraban el taller. Este procedimiento obedecía a ordenanzas emanadas por las autoridades estatales, que exigían a las logias dar cuentas de quienes eran sus integrantes y qué actividades realizaban. Gracias a estos registros y a muchos que han comenzado a salir a la luz, es que actualmente podemos realizar un trabajo arqueológico de reconstrucción del pasado masónico.
Los nuevos tiempos políticos e ideológicos, permitieron que la institución vuelva a la escena pública y la sociedad empiece a conocerla e interesarse por ella. Por otro lado, las nuevas generaciones de investigadores, consideran a la masonería como parte integrante de la historia general y trabajan para sacarla del olvido. Cada nuevo hermano que es rescatado del olvido, se festeja con verdadera algarabía, mientras la actividad masónica ha comenzado a recuperar fuerza e intensidad.
Paulatinamente, están surgiendo nuevas logias al tiempo que hombres y mujeres se afilian nuevamente a ellas. “En la actualidad se estima que actúan en la Argentina, bajo la órbita de la Gran Logia de Libres y Aceptados Masones, unas 300 logias en todo el país, congregando a unos 12.000 miembros. Pero también debemos considerar que existen una media docena de potencias masónicas, entre ellas el Gran Oriente Federal de la República Argentina (GOFRA, Mendoza, 2000), la Gran Logia Femenina (GLF, 2000), la Gran Logia Simbólica Argentina (GLSA, Córdoba, 2010), el Gran Oriente Latinoamericano (GOLA), entre otras”17.

1 – Mollés, Dévrig. (coord.), ob.cit.
2 – Triana, Alberto J: Historia de los hermanos tres puntos, Buenos Aires, editorial DE-DU, 1958.
3 – 
Revista Símbolo, Nº39, abril de 1987.
4 – 
Paz, de Trueba Yolanda: La participación de las mujeres en la construcción del Estado social en la Argentina. El centro y sur bonaerenses a fines del siglo XIX y principios del XX.
5 – 
Paz, de Trueba Yolanda: Ob. Cit.
6 – 
Giménez, Claudio Ariel: Masonería y cosmopolitismo en la Argentina de finales del siglo XIX, en Mollés, Dévrig (Coord.), Op. Cit.
7 – 
Corbiére, Emilio J: La Masonería. Política y Sociedades Secretas. Editorial Sudamerica . Buenos Aires. 1998. Página 285.
8 – 
Corbiére, Emilio J: Ob. Cit. Página 284.
9 – 
Halperin Donghi, Tulio: La República imposible (1930-1945). Biblioteca del Pensamiento Argentino. V. Editorial Ariel Historia. 2004. Página 26.
10 – 
En la actualidad el concepto de excomunión ha perdido significancia, pero hasta no hace muchos años, una sanción de este tipo era muy grave. La sociedad creyente aislaba y perseguía con saña a los masones excomulgados, porque esta directiva, según la Iglesia venia de Dios todo poderoso.
11 – 
Mollés, Dévrig:” Esta religión sobre la cual todos concuerdan”: la invención de la masonería, una revolución cultural entre religión, ciencia y exilios. Revista Brasileña de Historia das Religioes. ANPUH, ano VIII, n.23, Setembro/Dezembro de 2015- ISSN 1983-2850.
12 – 
Mola Aldo: Masonería y fascismo en Italia (1917-1943). REHMLAC, ISSN 1659, Vol. 8, no 2, Diciembre 2016-Abril 2017/1-13
13 – 
Lvovich, Daniel. NACIONALISMO Y ANTISEMITISMO en la Argentina. Javier Vergara Editor. Buenos Aires 203. Página 104.
14 – Martel, Fernanda: Ob. Cit.
15 – 
Corbiére, Emilio J: Ob. Cit. Página 307.
16 – 
Archivos, Logia Liverpool Argentina Nº272 (ALLA).
17 – 
Martel, Fernanda: Ob. Cit.

 

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