La Masonería Argentina, como espacio de igualdad en la diversidad

La Logia Liverpool Argentina Nº 272 se constituye también a través del proceso de inmigración de finales del siglo XIX y principios del XX

Con la caída de Rosas en febrero de 1852, la confederación Argentina inicia un nuevo proceso tendiente a la conformación del Estado Argentino. En mayo de 1853 se aprobó la Constitución Nacional pero las pujas entre la Confederación Urquicista y la provincia de Buenos Aires liderada por Mitre aplazaron la unificación nacional hasta el 1862 en que asumió este último la presidencia.

Así comenzó un acelerado proceso de consolidación y expansión de Estado Nacional. Se definía un nuevo perfil de país en el marco de su adaptación al mercado mundial, que imponía la división internacional del trabajo y la Argentina se incorporaba como productor agrícola ganadero. En este contexto se realizó la campaña al desierto que en 1879 incorporó grandes extensiones de territorio al sistema productivo.

Pero la abundancia de tierras fértiles no bastaba para incorporar a la Argentina al mercado mundial. La población era escasa y la producción requería mano de obra. Para resolver la cuestión, el Estado impulso la inmigración de trabajadores europeos. Así entre 1853 y 1923, arribaron al país, 7 millones de extranjeros dando nacimiento a la Argentina “aluvial”.

Paralelamente, tras la caída de Rosas se genero un gran auge asociativo y la sociedad civil se volcó al espacio público. Con los nuevos tiempos políticos, más libres y permeables a la reunión de personas, surgieron diferentes escenarios para las prácticas asociativas. Cobraron vida: cafés, clubes, bibliotecas, entre otros. En este contexto, la masonería cobro un lugar preponderante.

Si bien las primeras logias que operaron en el Rio de La Plata, datan del Siglo XVIII, se dio un gran desarrollo de estas en la segunda mitad del siglo XIX, a raíz de las condiciones políticas favorables. Entre 1857 y 1890, la masonería Argentina se consolidó como potencia masónica independiente y el número de logias diseminadas por el país, junto a la cantidad de miembros que las integraban aumentaron sorprendentemente.

Pero, no solo revistaron en las logias masónicas figuras de gran realce tales como: Mitre, Urquiza, Sarmiento, entre muchos otros protagonistas de la organización nacional. También por su carácter cosmopolita, tolerante y de apertura a la diversidad, las logias se constituyeron en punto de encuentro para muchos extranjeros. Estos nutridos de la fraternal hermandad masónica pudieron dejar de lado sus diferencias de nacionalidad, lenguas, culturas, religiones y convivir armónicamente en la pluralidad.

Bahía Blanca, constituye una síntesis de todo lo mencionado hasta acá. La construcción del nudo ferro- portuario entre 1884 y 1885 marcó el inicio de un despegue impensado para la antigua Fortaleza Protectora Argentina. La conexión con el territorio nacional y la inserción en el mercado internacional a partir de su privilegiada ubicación sobre el Atlántico, desplazaron sus funciones estratégicas militares, hacia lo económico y la transformaron en una especie de imán al que migraron personas desde el interior de Argentina y desde otros países. En relativamente poco tiempo se produjo un exponencial crecimiento demográfico, que según el Censo Nacional en 1895 había en bahía Blanca 9.025 habitantes y 44.143 en 1914. Surgió así una numerosa y heterogénea población marcadamente cosmopolita.

El periodista Benigno Lugones, enviado por el periódico porteño La Nación en 1883, dio cuenta del impacto producido por el fuerte crecimiento demográfico y afirmó:”Bahía Blanca será el primer puerto de la costa oriental de la América del Sud” a la par que afirmaba “es más grande que el de Liverpool, que es el más grande del mundo. La proyección hiperbólica produjo el efecto esperado y en el momento de la inauguración de la punta de riel, el periódico “El Diario” se hizo eco denominando, “el Liverpool Argentino” “al gran puerto del Atlántico Sud”.

En este marco de progreso material y humano, surgió en 1885 logia Estrella Polar Nº78, primera de la región y que albergo en su ceno a ilustres personalidades bahienses. Con el tiempo y al compas del acelerado crecimiento de Bahía Blanca, fueron surgiendo nuevas logias, con diferentes perfiles, algunas organizadas por nacionalidades, otras por oficios y otras mixtas. Este último fue el caso de la logia Liverpool Argentina Nº 272, creada en 1909 en la localidad de Ingeniero White. Típicamente portuaria la Logia Liverpool Argentina Nº 272 constituyo un espacio de reunión fraterna para masones de las más diversas nacionalidades y ocupaciones. Constituida por un grupo estable de hermanos argentinos y extranjeros; principalmente empleados portuarios y ferroviarios, mantuvo sus puertas abiertas para recibir a masones que por razones laborales transitaban ocasionalmente el puerto.

Siguiendo los lineamientos masónicos de amor a la humanidad sin distinción alguna, la Logia Liverpool Argentina Nº 272 ejerció por cincuenta años tareas filantrópicas en el plano local, nacional e internacional, siempre de manera anónima, no por temor sino por principios. El masón se regocija internamente cuando realiza un acto de bien a la humanidad sin necesidad de reconocimiento alguno.

Desde 2015 la Logia Liverpool Argentina Nº272 levanto sus columnas y reinició el trabajo masónico en la calle Saavedra 145 de Bahía Blanca. A partir de esta fecha, decidimos retomar las banderas de aquellos comprometidos masones portuarios, ciudadanos del mundo, que veían en un ser un humano a un hermano sin distinción de nacionalidad, credo, raza, religión o cualquier otra diferencia.

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Un comentario en “La Masonería Argentina, como espacio de igualdad en la diversidad

  • el 10 junio, 2020 a las 12:37 am
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    «El Masón no genera dependencias, forma nuevos maestros y no más discípulos permanentes. Su misión no está en formar seguidores, sinó libres pensadores con una conciencia con valores. «

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