El Ejercicio de Pensar y Pensarse

La masonería es una escuela filosófica, filantrópica, progresista e iniciática. Esta última, cualidad que la destaca de cualquier otra institución, brega por el desarrollo espiritual e intelectual del individuo.

La doctrina masónica, y toda su enseñanza simbólica, aspira a formar LIBRES PRENSADORES. Sin embargo no es una cuestión que atañe exclusivamente al masón aunque -quien ya es masón- indefectiblemente debe trabajar para construirse en un librepensador.

Actuar y luchar por convicciones e ideales es importante, pero carece de sentido si el hombre no ejerce previamente su derecho a pensar, tener, cultivar y ejercitar libremente el pensamiento crítico. Como así también elegir y decidir con total libertad.

Nuestra Orden es antidogmática, y es otra gran característica que la diferencia de las instituciones religiosas ya que estas últimas se consideran depositarias de una verdad absoluta donde la Fe anula toda capacidad de raciocinio dando así lugar -en muchos casos- al fanatismo.

Es necesario aclarar que la Masonería no es una institución religiosa.

Orienta a sus miembros a partir del ejercicio de la duda, hacia las más profundas reflexiones y construcción de nuevos pensamientos con el único fin de superarse. Para ello se nutre de la razón y la considera herramienta fundamental de llegada a la verdad.

En tal sentido, el librepensador es aquel que forma sus opiniones sobre la base de la razón, independientemente de la religión, la tradición y las ideas establecidas, para ser dueño de sus propias ideas y decisiones.

En este ejercicio el masón rechaza el fanatismo y cualquier opinión que no se base en el ejercicio de la razón.

En consecuencia, es evidente que uno de los fines que debemos perseguir en nuestra formación como individuos libres es el de desprendernos de cualquier pensamiento que se base en cuestiones irracionales, fanáticas, ideológicas o de cualquier otro tipo de creencia que nos impida trabajar en desterrar toda forma de irracionalidad existente en la formación de nuestro pensamiento.

En conclusión, la libertad de pensamiento es la posibilidad de echar al vuelo nuestra imaginación y hacerla viajar por todos los confines a través de ideas propias. Ella se nutre del concepto de que la verdad es el producto de la discusión y la armonía entre todas las verdades que se saben parciales y, por eso, es mucho más que un derecho político y moral. Es un derecho sagrado.

Su ejercicio nos permite tener una compresión más abierta del prójimo y de ejercitar la tolerancia porque, sobre todo, nos permite combatir la esclavitud mental que el miedo y el analfabetismo mantiene a los pueblos en un estado de domesticación.

Día a día llegan por distintos medios -y nos exponemos a- un sinfín de información que en la mayoría de las ocasiones la recibimos sin analizar dándola por cierta o incierta según nuestra perspectiva, ideología, y/o convicción. Mucha de esa información tiene un interés oculto según la fuente que la proponga. Los medios de comunicación no solo informan, sino que también son formadores de opinión, por tal motivo hoy más que nunca debemos ejercitar el ejercicio de dudar, analizar y pensar. Debemos, como librepensadores, tamizar toda la información antes de convencernos. Este método, llamado Dialítico por Platón consiste en ver los distintos puntos de vista y elaborar una síntesis que nos permita tener una mirada abarcativa y no sesgada de la realidad que nos circunde.

Por último, la libertad de pensamiento NO es un don, sino un derecho y un deber que día a día debemos asumir.

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